¿Ahora Substack da cringe?
el viejo prejuicio de deslegitimar la voz femenina
El otro día me apareció en TikTok un chico que decía: “te prometo que el teléfono no es TAN malo, no necesitamos otro post en Substack sobre doomscrolling”. Los comentarios avalaban la idea de que este lugar es performativo y cringe. No pude evitar preguntarme si era o no verdad.
¿Ahora también quieren hacernos sentir mal por escribir sobre nuestros sentimientos? Cuando una mujer lo hace es performativo y exagerado, pero cuando lo hace un hombre es “valiente”, muestra de vulnerabilidad. Qué antiguo todo. Qué predecible.
Porque esto no surge de la nada. Hay un patrón repetido a lo largo de siglos, cada vez que una mujer se anima a narrar su mundo, aparece una reacción que intenta minimizarlo. En el siglo XVIII se ridiculizaban los diarios personales escritos por mujeres —los llamaban “triviales”, “sentimentales”— mientras los escritos íntimos de hombres se conservaban como documentos filosóficos. En el XIX, cuando las escritoras empezaron a publicar novelas, muchos críticos las acusaban de “histeria” o “exceso emocional”, como si el sentimiento fuera un pecado femenino y una genialidad masculina. Y más cerca en el tiempo, cuando las mujeres poblaron los primeros blogs, se las encasilló en categorías diminutas: mommy bloggers, lifestyle bloggers. Como si escribir sobre la vida real fuera automáticamente menos valioso que escribir teorías políticas o reseñas tecnológicas.
Substack no es una excepción. Es simplemente el escenario más nuevo de un viejo reflejo social: etiquetar lo que escribimos como “cringe” para que suene frívolo, para que cueste tomarlo en serio. Para reducir el intelectualismo femenino a un berrinche, un caprichito. Es también una manera de ordenar quién tiene permitido ocupar el espacio público y con qué tono. Los hombres pueden mostrarse vulnerables como gesto heroico; las mujeres, en cambio, tienen que evitar incomodar, evitar mostrarse demasiado humanas, demasiado sentidas, demasiado presentes.
La ironía es que este lugar —esta plataforma, este formato— fue adoptado por nosotras porque ofrece algo que históricamente se nos negó: autonomía. No depender del visto bueno de un editor, no responder a la lógica de los algoritmos que favorecen la polémica vacía, no tener que disfrazar lo íntimo para que parezca profesional. Substack se volvió, para muchas, una especie de cuarto propio digital. Virginia Woolf estaría orgullosa, o al menos intrigada.
Pero claro, cada vez que las mujeres ocupan un espacio con libertad, aparece la necesidad de desautorizarlo. Y la palabra “cringe” funciona perfecto para eso: es vaga, es subjetiva, es fácil de tirar como piedra y difícil de cuestionar sin parecer sensible. Llama la atención que casi nunca se usa para señalar las columnas de opinión repetidas de los diarios, o los podcasts eternos donde un grupo de hombres explica el mundo como si lo hubiera inventado esa mañana. Pero basta que una mujer escriba una newsletter sobre sentirse abrumada un martes cualquiera, y de pronto “esto ya es demasiado”, “otra vez las minitas estas berrinchudas”.
El punto no es defender Substack como si fuera un templo literario, pero detrás del chiste, del meme o del comentario de TikTok, hay un eco histórico. Una resistencia a que las mujeres nombren lo que sienten sin pedir disculpas. Y también una incomodidad con la idea de que lo personal pueda tener profundidad política, emocional o intelectual. Les incomoda que tengamos algo para decir, y que ahora lo digamos sin culpa.
Así que, ¿Substack da cringe? Quizás para algunos. Para mí, es una prueba más de que seguimos ocupando espacios que antes no eran nuestros —o que lo eran, pero se nos negaban. De que seguimos escribiendo, aunque quieran convencernos de que exageramos. Y si a alguien le molesta, que se quede con sus algoritmos y sus videos de autoayuda. Yo prefiero este rincón donde podemos pensar, nombrar y sentir sin culpa.
Así que si escribir acá da cringe, bienvenida sea la vergüenza ajena. Peor sería volver a callarnos.
Con cariño, Reni.
¡GRACIAS por llegar hasta acá! Si sentís que mis palabras resonaron con vos, te invito a suscribirte para no perderte lo que viene. También podés dejar un comentario o compartir: así ayudás a que mis palabras lleguen a las personas correctas 🫂 ✨ 💌




Los mejores escritos fueron de mujeres que leí . Los escritos de los hombres muy estructurado daban vuelta y vueltas para decir algo tan simple . La mujer juega con la palabras mágicamente y es grato leer a una mujer descubrir su mundo
Siempre van a desmerecer un espacio donde la mujer puede hablar con libertad